- Clarin.com
- Opinión
- 30/09/14
En la ruleta rusa
- Ricardo Roa
Otro muerto más que pronto desaparecerá del diario. Se llamaba Simón Fuentes Montaño. Tenía 60 años y era boliviano y constructor. Lo mataron unos chorros de un tiro en el pecho este domingo a la hora de la siesta en Villa Lugano.
Había parado su camioneta frente a la casa de la hija, que es médica y cumplía años. Le llevaba sillas para el festejo. Lo fusilaron delante de ella, del esposo y de su bebita de tres meses. Simón murió camino al hospital. La muerte es hoy una ruleta rusa que jugamos todos sin haberlo pedido.
Para vivir con miedo no hace falta que a uno lo hayan asaltado. Para morir ya no hace falta un asalto. No hay prevención posible: antes que en la calle, hemos perdido la batalla contra la inseguridad en los despachos de funcionarios y jueces.
La inseguridad es un drama sin responsables. Pendientes como están de sus carreras políticas y de lo que conviene a sus jefes, los funcionarios no hacen nada o hacen casi nada o simulan hacer, que es aún más indignante como cuando se hacen sacar fotos en un operativo para mostrar que están combatiendo la impunidad. “A vos esto no te va a pasar”, deben decirse frente al espejo.
Los vecinos de Simón pidieron por la prensa lo que pedimos todos: que los protejan.
Pero la sociedad no tiene quién la escuche. ¿A quién le habla la gente desesperada cuando clama por justicia? ¿Quién es el interlocutor responsable que actuará en consecuencia tras el ruego? La irresponsabilidad no es progre ni de derecha. Es sólo irresponsabilidad.
“La Gendarmería cuida la villa, no a nosotros”, dijo uno. “Que Macri mande la Metropolitana”, pidió otro. Es Lugano, no Puerto Madero: la policía vigilará unos días hasta que la noticia se apague. Después irá a los nuevos lugares alumbrados por las cámaras. La policía está desbordada, como todos nosotros.
El miércoles pasado, criminales que escapaban de un robo asesinaron en La Matanza a Franco Torres, un chico de 13 años. El padre lo llevaba a jugar al fútbol. Vivían en una casa modesta, a unas siete cuadras de la muerte.
Los delincuentes habían asaltado el negocio de un ex policía y confundieron el auto del padre de Franco con el auto del ex policía que habían asaltado y que los perseguía.
Y tiraron. Parecido a lo que ocurrió en Morón con Sabrina Olmos, la chica asesinada en la escuela en un enfrentamiento de otra banda con policías.
Uno de los asesinos de Franco fue detenido. Se había escapado de los Tribunales hace cuatro años. Estaba prófugo.
Es decir: estaba libre.
Nadie lo buscaba.
Lo que importa es atrapar a los delincuentes antes de que maten, no después. El papá de Franco dejó una frase tremenda y desesperada: “¡Qué me importa que los encuentren!
A mí ya me cagaron la vida para siempre ”. Si hay alguna razón para creer en Dios, aquí no hay ninguna.
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