miércoles, 31 de mayo de 2017

El cambio de mando en la Cancillería

El reemplazo de Susana Malcorra por Jorge Faurie debería apuntar a optimizar el funcionamiento del servicio exterior y consolidar la reinserción en el mundo
MIÉRCOLES 31 DE MAYO DE 2017
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Susana Malcorra, quien acaba de presentar su renuncia como canciller por razones personales y será reemplazada en los próximos días por el actual embajador en Francia, Jorge Marcelo Faurie, concluyó una gestión que apuntó a dejar atrás una política exterior signada durante más de una década por la arrogancia y el aislamiento.
A la luz de los hechos, con la asunción de Mauricio Macri, la Argentina dejó de ser el país imprevisible e irrelevante en que se había transformado durante la era kirchnerista, al tiempo que inició un exitoso proceso de reinserción en el mundo, aun cuando queda mucho por hacer.
Hubo algunos llamativos cambios de rumbo vinculados con la política hacia la conflictiva Venezuela gobernada por el chavismo. La canciller saliente tuvo una actitud más bien contemporizadora al comienzo -diríase incluso condescendiente, para luego alinearse detrás de la posición bastante más dura del propio presidente de la Nación, quien no vaciló en cuestionar públicamente las violaciones de los derechos humanos por parte del autoritario régimen de Nicolás Maduro.
Otros de los pasos en falso de Susana Malcorra fueron su imprudente apoyo a la ex candidata presidencial de los Estados Unidos Hillary Clinton a través de las redes sociales y haberse lanzado a competir por la Secretaría General de las Naciones Unidas para suceder al surcoreano Ban Ki-moon, a la espera de respaldos internacionales que no llegaron y que frustraron su deseo.
Malcorra se aleja del Ministerio de Relaciones Exteriores en un momento especialmente complejo para la región, ante las delicadas circunstancias que vive Brasil, en medio de una ola de creciente desconfianza y notoria desmoralización por la dura evidencia de que su sistema político está plagado de corrupción.
Y deja tras de sí a una cancillería que deberá estructurarse de manera más eficiente y ordenada, y que tiene pendientes algunos nombramientos en embajadas clave, entre ellas la de los Estados Unidos.
La reemplaza un diplomático de larga carrera, aunque sin perfiles destacados más allá de su amplia experiencia burocrática, con buen conocimiento del funcionamiento interno real del ministerio que ahora encabezará y de los hombres y mujeres que allí se desempeñan.
El embajador Faurie llega a la conducción de la Cancillería merced a su extendida trayectoria, su conocimiento de Europa y su buena vinculación con el jefe de Gabinete, Marcos Peña. Lamentablemente, llega también acompañado por una denuncia de la Oficina Anticorrupción, efectuada en 2002 y más tarde archivada, por haber omitido consignar en una declaración jurada patrimonial una sociedad que compartió con Ramón Hernández, el recordado secretario privado de Carlos Menem. Una cuestión sobre la cual debería volver a dar todas las explicaciones necesarias para aventar cualquier sospecha.
Quien hasta ahora lideraba nuestra sede diplomática en París deberá enfrentar el complejo reto que supone optimizar el funcionamiento de nuestro servicio exterior.
Es de esperar que, de cara a una nueva etapa en la gestión de nuestra política exterior, un funcionario de carrera empuñando el timón de nuestra cancillería abra una oportunidad para imprimirle al cambio la agilidad que los tiempos exigen y que la coyuntura local y regional recomiendan.

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