miércoles, 1 de octubre de 2014


Iglesia: entre la estupidez y la cobardía


octubre 1, 2014
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Juan-Carlos-Molina-Papa-Francisco_CLA
“Yo habilitaría el consumo de todo y abriría centros pero estamos hablando de la no criminalización. Hay que legalizar lo que hoy es ley, una ley de hecho”.Padre Juan Carlos Molina, Secretario de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR).
Momentos hay donde cabe preguntarse si Dios decidió que sus pastores de esta comarca del sur de América, tuvieran cerebros de avestruz y corazones de foca. Cuando digo esto no me estoy refiriendo al inimputable fulano del epígrafe, sino a los tontos -hay excepciones, heroicas y honrosas excepciones, no desesperemos- que componen la CEA. Hombres buenos, quizás, para administradores y hasta ahí nomás.
En menos de cuarenta días los católicos argentinos hemos pasado de la estupidez herética de un cura que en Santiago del Estero abre su iglesia para bendecir una “boda” gay a una declaración irresponsable de un quía “consagrado” que como antecedente para ser secretario en la Sedronar seguramente mostró haber hecho en el Seminario un estudio exhaustivo de los versículos del Génesis que hablan de la borrachera de Noé (Gn 9; 20-27) y una encomiable adhesión a los postulados Nac & Pop, y estos antecedentes pónganlos en el orden que ustedes prefieran.
Todo esto hubiera quedado en la nada si el obispo de Santiago del Estero hubiera, eso si con los pantalones bien puestos, tomado las cosas en serio y mandado al “mediático bendecidor” a misionar a la zona más pobre de la provincia y en el caso del cura Molina una parada de carro del presidente de la CEA hubiera bastado para llamarlo al orden o para que se rebelara y se fuera, si no de la Sedronar, al menos de la Iglesia y dejara de avergonzarnos.
Podrán decirme que estos dos escandalosos son curas del montón; entonces, ¿qué tienen que ver en este asunto quienes componen la CEA?, todo. Todo porque la jerarquía eclesiástica se ha convertido en adoradora de un nuevo becerro que ya no es el de oro sino el becerro de lo políticamente correcto. Creo que la mayoría de los obispos tiemblan ante la posibilidad de, no digo sancionar, solamente llamar al orden a algunos de estos adefesios que creen- si es que aún creen- que la manera efectiva de adorar al Señor es por medio del escándalo.
Aferrados la mayoría de los obispos a esta época en la que, tipos mucho más audaces que ellos, les han lavado la cabeza incrustándole el chip de que todo lo que hizo la Iglesia es malo de toda maldad, han descubierto que la permanencia reside, al igual que los políticos, en flotar en un mar de cobardía. Sobran pruebas de su esforzada pusilanimidad. No hace mucho la CEA da a publicidad un documento en el que se denunciaba con exactitud y valentía el estado de postración de la República, las injusticias, el incremento de la pobreza relegando en sus posibilidades a millones de argentinos, la violencia indiscriminada y el narcotráfico no combatido. Primero fueron los corifeos oficialistas quienes salieron a “darles como en bolsa” a los obispos para que finalmente, llamados a la Casa Rosada recibieran un tirón de orejas de quien gobierna, sin misericordia alguna, estas pampas cada día más tristes y desamparadas. El final es conocido, los administradores eclesiásticos se disculparon y al mejor estilo de cualquier “mediática” agarrada “in fraganti”, salieron a decir que ellos no quisieron decir lo que dijeron y que toda la culpa era del periodismo. Solo les faltó como muestra de una completa sumisión decir que las corporaciones mediáticas los habían sacado de contexto.
En este mundo donde el relativismo gana espacio a diario, relativismo al que ellos dicen combatir mediante proclamas susurradas en rincones oscuros y a unos pocos elegidos; ya que, vamos, eso de salir a gritarlo desde los terrados, (Mt 10,26-27), no es de esta época, ellos no son otra cosa que los vicarios, seguramente debido a ese miedo, de quienes llevan dos mil años tratando de hundir a la Santa Madre Iglesia.
Porque en verdad ellos han huido frente a los problemas; han abandonado a hermanos a castigos inmerecidos y a ser pastos de quienes solo viven porque el odio los alimenta y han transigido – ue no es dar la otra mejilla- con quienes buscan, lobos con pieles de corderos, la ruina de la Iglesia. Ha tiempo que las ovejas están dispersas y desorientadas y no hay ejemplos que bajen de aquellos a los que el Señor los pensó como pastores pero a los que la vida o alguna otra cosa trocó en meros asalariados (Juan, 10:12).
Han descubierto que es más fácil no hacerse problemas y darle a cada uno una iglesia a medida que sostener la Doctrina. Son ellos quienes se han quitado, por falta de voluntad o por temor, el báculo de la autoridad -el pastor no sólo ama sus ovejas también sabe ordenar sus tiempos de pasto y sueño- y han entregado a los lobos el rebaño negándose a ver que llegará el momento en que se nos pedirá a todos los católicos explicaciones sobre estos desatinos; anatema que no caerá sobre un cura del sur o uno de Santiago del Estero, ni, menos aún sobre el obispo tal o cual; será, como siempre, en la generalización estúpidamente simple pero efectiva que los enemigos de la Iglesia hacen, que solo de Ella y por Ella provienen todos los males que al hombre le afligen desde que, en Cesárea de Filipo, Nuestro Señor Jesucristo le dijo a Simón Bar Jonás: “Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”.
 Jose Luis Milia

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