Cutzarida, el síndrome de una sociedad hastiada y asustada. La Solución

Hay un primer concepto que luego retomaré y que obviamente puede ser perfectamente explicado. Ese concepto es SIMPLIFICACIÓN. Casi todos mienten cuando expresan que el problema de la Seguridad es complejo. NO ES COMPLEJO. Lo hacen complejo para no resolverlo o para llenarse de excusas sobre determinaciones simples que NO quieren, NO saben o TEMEN tomar. La supuesta complejidad es un sofisma. O sea… una argumentación falsa, pero de apariencia verdadera, con la que se pretende confundir a otra persona, o en este caso a una sociedad.
Lo de Cutzarida y lo del motochorro que quiso robar al extranjero lo muestra. Es claro que Cutzarida de seguridad no sabe nada, pero no es necesario saber de Seguridad para saber que algo no funciona, más bien, poco o nada funciona. Como no es necesario ser Médico para darse cuenta que se tiene fiebre. Cutzarida tiene un solo mérito, expresarse sin hipocresía con el idioma de la calle. Luego, está un universo de políticos y periodistas hipócritas que se horrorizan si dice corchazo pero que no se horrorizan si el GEOF “neutralizó” (tiro del francotirador en la cabeza) al secuestrador. Tan hipócritas como es el mundo cuando aplaude desquiciadamente desde una cinéfila butaca cuando el SEALS hollywoodense degüella un terrorista árabe dormido (película sobre libro de Tom Clancy) y se horroriza escandalizado cuando los terroristas del Estado Islámico o ISIS degüellan un prisionero. Todos quieren ver o gozar del resultado pero pocos son capaces de hacerse cargo de sus ocultos prejuicios. Si el árabe degüella es un animal salvaje sin sentimientos y si el que degüella es un SEALS es un buen muchachito con novia del estilo de Meg Ryan y perro raza antiguo pastor ingles que lo espera en su casa.
Es curioso cuando quienes hablan desde lo que es “políticamente correcto”, se distancian del sentir del pueblo que dicen representar sin darse cuenta que lo que es supuestamente piantavotos es en realidad el mayor colector de voluntades populares cruzadas por el hastío y el miedo a no vivir.
Todo esto es ya tan absurdo y probadamente ineficiente que; las palabras y las excusas suena más a complicidad que a voluntad de solucionar el problema. El discurso colisiona con la realidad. Si esta fue la década con más inclusión social, menor tasa de desocupación y mayores ingresos, ¿como se explica el desborde de inseguridad? De hecho, más allá de los enojos, corrupción y suspicacias, nunca hubo tanto dinero presupuestado a disposición de los sectores más desposeídos, pero el delito y la violencia no paran de crecer. De hecho, para el 2014 el Gobierno distribuirá 18.025.553 planes sociales, por un monto total de $ 120 mil millones de pesos distribuidos en 60 programas de asistencia diferentes. Si a esto le sumamos que; tomando las estadísticas oficiales, no solo las FFSS (Fuerzas de Seguridad) crecieron en número y recursos, que se han creado nuevas estructuras como la Metropolitana y la PSA y que la Gendarmería prácticamente dejo las fronteras para transformarse en una suerte de refuerzo policial de proximidad, tampoco se explica la ecuación Medios vs. Resultados. Es claro que, si hay alguna política de seguridad, esta, ha fracasado.
Todo esto ya raya en un absurdo, más propio de la película “Bananas” de Woody Allen que una auténtica vocación o decisión de tomar las medidas necesarias y simultaneas en los cinco niveles, Obligatoriedad Educativa fiscalizada (y no digan que lo está porque es mentira), Políticas Activas de Inclusión (si reciben dinero del Estado, deberían proveer una contraprestación de horas de trabajo comunitario), Represión/Castigo/Resocialización, Creación de un Organismo Nuevo de Lucha contra el Narcotráfico y nuevo marco legal sin excarcelabilidad alguna. Finalmente, Simplificación del Código Penal de manera tal de evitar los caminos, atenuantes y chicanas existentes para la facilitación de la facturación de penalistas sacapresos o la recurrente victimización de Jueces que resuelven a voluntad porque la Ley vigente tiene tantas fisuras que termina siendo una nave en proceso de hundimiento que se mantiene a flote con parches vencidos.
Un par de ejemplos: si el delincuente posee un arma, sea esta de guerra, calibre 22 o de juguete, si el asaltado y/o los testigos, certifican el acto delictivo y al delincuente que lo ejecuta, la pena debería ser NO excarcelable, independientemente de si tiró o no tiró y no se aplicaría el 2 X 1. Si el delincuente (luego de sancionada la norma) se reitera en el tipo de delito, la pena se incrementa en un 50% y se duplica en el tercer hecho comprobado.
En los casos de los delitos de corrupción de funcionarios públicos, estos tendrían que ser procesados por un Juicio por Jurado en plazos mucho más reducidos que los actuales (algunos llevan décadas) y su condena debería ser de cumplimiento efectivo no sustituible por mecanismos de probation, en tanto que su patrimonio debería quedar expuesto a ser incautado por el Estado y dispuesto específicamente para proyectos o acciones relacionadas directamente con la inclusión de los sectores sociales más débiles.
El caso del motochorro filmado reúne el contexto perfecto de las fallas del sistema. Asaltó con violencia y armado. Luego traficó más de medio kilo de estupefacientes. Luego su mujer salió a hablar que es un excelente padre y que ella nunca vio lo que vieron 6 millones de personas, o sea el arma. Ahora va de canal en canal hablando de las bondades de su trabajador marido y de la condena social que sufren. Incluso el delincuente hasta solicitó custodia policial porque la gente en la calle lo quiere agredir. Lo único que falta es que le asignen custodia al delincuente. Pongamos las cosas en claro. La gran mayoría de las esposas de delincuentes conocen, aprueban y disfrutan del dinero que sus maridos roban. Actúan para la tele, componen personajes enamorados y hasta harían llorar alguno de sus hijos. Hijos que, a la postre, son, junto con las víctimas, los únicos inocentes de este juego perverso. Así como la gran mayoría de las esposas de los corruptos se hacen las distraídas cuando sus maridos son acusados, pero si se divorcian les piden a sus abogados que interdicten las cuentas (dentro y fuera del país) y cajas de seguridad donde sus maridos depositaban el dinero que jamás declararían al fisco.
Luego, están los pabellones especiales. Si el delincuente es funcionario, va a un pabellón VIP, si es un Policía, va a otro pabellón. Nada de esto debería existir. Y si quieren justificarlo no sean hipócritas y reconozcan que hay cárceles para pobres y cárceles para ricos.
No es difícil. La realidad es que no quieren, no saben o tienen miedo de solucionarlo. O sea, son inútiles, brutos, cómplices o cobardes.

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