sábado, 7 de junio de 2014

Sensibilidad y caza de brujas en el oficialismo

La reunión de Cristina con su vicepresidente para avanzar contra el juez, revelada por Clarín, profundizó la tensión.
La grieta que suele negar el universo K está instalada dentro del propio oficialismo. Las diferencias dentro del círculo más alto del Gobierno se acentuaron luego de que se conocieran datos de la reunión en la que la Presidenta ordenó cambiar la estrategia judicial de la defensa de Amado Boudou en la causa Ciccone. Desde el mismo miércoles, tras la publicación, los protagonistas de ese encuentro cruzaron acusaciones para intentar desmarcarse de la filtración, pero a la vez iniciaron una caza de brujas en sus entornos cercanos.
Tal como reveló Clarín, de la reunión en la que Boudou se fue con la orden de avanzar contra el juez Ariel Lijo, participaron también el secretario de Legal y Técnica Carlos Zannini, el jefe de Gabinete Jorge Capitanich.
Todos ellos mantienen una relación tirante entre sí. Y conviven casi exclusivamente por obligación.
Pero los datos que se filtraron de la reunión profundizaron aún más las diferencias. Es que, según supo Clarín, Cristina estalló de bronca, fundamentalmente por los detalles que ofrecía la nota. Y eso precipitó algunas discusiones y retos. En distinta escala –Boudou y Capitanich fueron los más apuntados–, pero hubo para los tres.
Ese contexto explica la virulencia con la que tanto Jorge Capitanich y Amado Boudou salieron a atacar a este cronista. Sin la espalda y la llegada cotidiana a la Presidenta que cuenta Zannini, tanto el vicepresidente como el jefe de Gabinete utilizaron los medios para desligarse del tema. Y recurrieron a la manera más simple y sencilla de dar muestras de inocencia: culpar al mensajero. “Inventan mentiras en el despacho de Magnetto”, sostuvo Boudou en Continental. Y luego en el programa oficialista 6 7 8 instó a este cronista a “limpiar” su alma y revelar su fuente, desconociendo su confidencialidad. Por su parte, Capitanich calificó de “operación” la nota y negó la reunión.
No obstante, los tres trazaron una cacería de brujas en sus entornos. Con distintas medidas. Algunas, insólitas: hubo estrechos asesores que hasta fueron invitados a mostrar sus teléfonos celulares para demostrar su lealtad. Otros, en cambio, tuvieron que dar cuenta precisa de sus últimos movimientos.
En el medio, no faltaron las acusaciones cruzadas, con diferentes interpretaciones respecto a los detalles del encuentro que pudieran dar algún indicio de quién lo filtró. Una verdadera caza de brujas.

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