miércoles, 11 de junio de 2014

Quiénes son "los machos del off" para Boudou

INTERNA K

El vicepresidente insinuó quiénes son sus enemigos en el Gobierno y quiénes lo complicaron en la causa. Tensión en el Gabinete de Cristina.
La frase la copió de Daniel Osvaldo Scioli, un hombre que no suele dar títulos tan sencilamente.

Pero Amado Boudou habló de "los machos del off" en desafío a quienes hablan con periodistas tanto desde su entorno como de otros funcionarios del Gobierno nacional.

El vicepresidente terminó de definir ayer (en la charla que mantuvo conVíctor Hugo Morales, casi un hecho cotidiano para el conductor radial) que hablar con un periodista fuera de micrófono es una operación política. Por eso, ve varios fantasmas y sin dar aún nombres, en el kirchnerismo cada cual conoce qué parte le puede tocar si Boudou se decidiera a hablar "con la verdad", esa que asegura solo él conocer.

Un veterano dirigente peronista, que se recluyó en su intendencia cuando Cristina lo nominó como su vice, lo define así: "Se creyó que podía crecer solo, sin vincularse con los hombres del PJ y sin hablar con los medios. Se la creyó".  Pero los "machos del off" de Boudou deben remontarse a los tiempos de Guillermo Moreno, quien lo definía -fuera de micrófono pero son vergüenza delante de los empresarios- como "el vago".

Otro con quien Amado mantiene algún tipo de inquina es Juan Carlos Pezoa, secretario de Hacienda y que fue hombre de confianza de Néstor Kirchner para los números finos. El vicepresidente ve su mano en las declaraciones que obran en la causa uando se menciona un freno al plan de modernización de la Casa de la Moneda, lo que permitió el ingreso de "The Old Fund".

También entre los apuntados por el vice está el jefe de la AFIP. Más allá de que en su diálogo de ayer con Víctor Hugo lo arropó, Boudou maldice a Ricardo Echegaray pues fue de los primeros en desligarse públicamente de los trámites administrativos del caso Ciccone. Pero la señal que dio ayer el segundo de Cristina tuvo destinatarios políticos: Florencio Randazzo y Daniel Scioli, dos precandidatos presidenciales del oficialismo.

A Randazzo lo acusa en privado de haber hablado con periodistas en los inicios del caso Ciccone y de haber deslizado algunos comentarios de palacio sobre el asunto. Y al gobernador bonaerense lo metió en la causa al preguntar concretamente al juez Ariel Lijo sobre la suerte de Carlos Gabella, hombre de Boldt y que fuera asesor de Scioli en 1997, hace 17 años.

En el sciolismo ríen: "Gabella era militante del PJ porteño, donde ocupó diferentes cargos, no hay nada que ocultar". Pero a tono "machos del off", destacan sin temor ante el desprestigio del vice: "Que Boudou hable tranquilo, lo esperamos con pochoclo".

Por el lado del ministro de Interior y Transporte, hoy desdeñan una posible disputa con Boudou: "Florencio tiene esta semana un acto con Cristina y otro la semana que viene ¿qué nos importa? Además, los trenes nuevos están las vías, todo lo demás es cháchara".

En su casa, lugar donde se refugia y mantiene tertulias hasta entrada la madrugada, Boudou repasa la histórica indicación de Néstor que significó el puntapié de toda esta historia: “Néstor me dio la orden. Me dijo 'andá y sacale ese negocio a Duhalde'. Yo le cumplí”.

Pero ese supuesto cumplimiento nunca generó la simpatía de dos hombres de estrecha cercanía a la Presidenta: su hijo Máximo y Carlos Zannini.

Ahora, para el vicepresidente la causa quedará en la nada con su jugada de "la clave financiera", algo que pidió explorar la Cámara Federal. Allí, están los nombres de los empresarios Raúl Moneta y Jorge Brito. Los secretos allí guardados nunca serán ahondados por el juez, según los que asesoran legalmente al vice.

Pero esa mirada no es compartida por el ala política del Gobierno. En la intimidad, reconocen que la preocupación por los temas de corrupción han vuelto a crecer en las encuestas. Como pasó en el final del menemismo, donde se hablaba de problemas para conseguir trabajo y se manifestaba el hartazgo por la corrupción.

Qué hacer con Boudou es algo que se debate entre los ministros. Y la amenaza del vicepresidente de ir de nuevo al juzgado de Lijo a hablar de la pata política despierta molestias y enojos. ¿Será esa la razón por la que un ministro que ya manifestó sus intenciones presidenciales se levantó a los gritos de una reunión con pares suyos ante la mirada sorprendida de Zannini?

La decisión final estará en manos de Cristina, como casi todo en el universo kirchnerista.

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