lunes, 9 de junio de 2014

El maltrato a jóvenes y viejos

DEL EDITOR AL LECTOR
El Papa mira con un ojo el Cielo y los asuntos espirituales, pero tiene el otro puesto en delicadas cuestiones terrenales, de su país y del mundo. Ayer juntó en el Vaticano, en histórico rezo por la paz, a los líderes políticos de Israel y Palestina. En línea con sus preocupaciones políticas, Francisco dijo ya en varias oportunidades que los valores y el verdadero sentido de un país y de una sociedad se ven en el trato que se les brinda a los jóvenes y a los viejos.
Y dio su alerta acerca de lo que él observa en ambos segmentos: “Se descarta a los jóvenes y se descarta a los viejos”.
No hacía falta aclaración alguna, ya que esa mirada tiene un alto impacto en la Argentina, un país que demográficamente envejece a paso firme. Según el censo de 2010, ya somos el tercer país más envejecido de América latina. Las personas de 65 años y más representaron el 10,2% del total de la población. Y hay cada vez más personas mayores de 80. Según afirman varios especialistas consultados por Clarín, al mismo tiempo no se invierte adecuadamente en la formación de las nuevas generaciones. El hecho de que la gente viva más no significa que viva mejor.
De hecho los $ 2.757 del haber jubilatorio mínimo (que cobra más del 70% de los trabajadores pasivos) no alcanzan a cubrir la canasta básica, que según estimaciones de consultores privados alcanza ya los $ 3.575.
Menos de $ 120 por día.
Y la reciente moratoria es una aspirina: seguramente será financiada, como la anterior, por q uienes pasaron de largo los años de vida y de aportes dentro del sistema. En el otro extremo de la vida, el segmento de los “ni ni”, cercanos al millón de jóvenes sin empleo fijo ni continuidad educativa, completa el cuadro de la “sociedad descartable” a dos puntas. La Asignación Universal por Hijo y otros programas complementarios son necesarios, pero insuficientes.
En tanto, la pobreza sigue en alza, y su real magnitud no se puede conocer porque el Gobierno oculta las cifras. Pero hay aproximaciones creíbles. Según datos de la Ciudad, hay 860 mil porteños que viven debajo de la línea de la pobrez a: un 28,4% de la población del distrito más rico del país. Y según el Observatorio Social de la UCA, la pobreza supera el 30% en el Gran Buenos Aires, más de 3 millones de personas.
Como bien dice la Presidenta, al Papa “hay que leerlo” y no sólo visitarlo. Esta visión sobre jóvenes y viejos ya la tenía en su solitaria militancia pastoral en las villas, y cuando fue luego el arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina. Es decir que ya pensaba así cuando era sólo Bergoglio. Muchos kirchneristas (y opositores también) peregrinan hoy hacia Roma cada vez que pueden para colgar en las redes sociales o distribuir en los medios tradicionales sus propias “selfies políticas” con el ahora venerado Francisco, el mismo a quien Néstor Kirchner consideraba el “jefe espiritual y político de la oposición”.

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