- Clarin.com
- Política
- 10/06/14
No sólo en Washington se juega el partido
EN FOCO
El raid del kirchnerismo fue impresionante. En tres pasadas, validó demandas contra la Argentina ante el tribunal del Ciadi que llevaban años sin ser cumplidas; aceptó indemnizar a Repsol de un modo tan ventajoso para los españoles que rápidamente transformaron los bonos en dólares contantes y sonantes, y cerró trato con el Club de París bajo condiciones no muy claras y sí visiblemente costosas.
Demasiadas concesiones del aguerrido comandante Axel, aunque la Presidenta lo haya felicitado y encumbrado su estrella a las máximas alturas del firmamento K. Un detalle pone las cosas en el lugar donde verdaderamente van: semejante viraje habría sido impensable sin la venia de Cristina Kirchner.
Ahora falta que la Corte Suprema de Estados Unidos considere que el Gobierno ha acreditado suficientes méritos y postergue cualquier definición en el pleito que los fondos buitre entablaron contra el Estado argentino. En ese supuesto cabría, también, la interpretación de que los jueces no quieren comprarse el problema ellos solos.
Sin embargo, el hecho mismo de haber asumido obligaciones por más de 15.000 millones de dólares, entre el Ciadi, Repsol y el Club de París, puede servirle de argumento a los jueces más duros en el sentido de que el Gobierno admite pagos enormes y, al mismo tiempo, afirma no tener plata para estos otros.
Es lo que piensan, acá, quienes creen que al menos por ahora la Corte no respaldará los fallos del juez Thomas Griesa y de la Cámara de Apelaciones que ordenan a la Argentina afrontar las obligaciones ya mismo. Y si le pide la opinión a la Procuración de EE.UU., como parece ser la salida, le habrá dado al Gobierno un plazo extra para arreglar los tantos con los fondos buitre, aunque hayan quedado a vista de todo el mundo las torpezas que la Casa Rosada cometió durante el proceso.
La más notoria fue que Cristina Kirchner llegara a afirmar que de ninguna manera iba a pagarle un sólo dólar a los buitres, poniendo un tema que nunca atendió a la altura de una causa nacional.
Claro que eso mismo significó decir que estaba dispuesta a desacatar un fallo adverso del máximo tribunal de Estados Unidos. Tan grave era la declaración que debió ser enmendada por otra, ya no declamativa sino rigurosamente formal: afirma que el país no tiene recursos financieros como para cumplir una sentencia que ordene un pago inmediato, aunque haya disposición a acatarla.
Si en los hechos la Corte resuelve patear la pelota para el año próximo, el Gobierno hasta podría darles a los buitre condiciones más ventajosas que a los bonistas que entraron a los canjes de 2005 y 2010. Pero en los vaivenes del kirchnerismo hay otros tiempos que apremian y caen de lleno sobre el stock de reservas del Banco Central.
Varios movimientos juntos explican el apurón. Entre ellos, que Juan Carlos Fábrega esté urgiéndoles a las cerealeras que liquiden más divisas de las exportaciones y a los bancos que traigan dólares de afuera, para financiar exportaciones o para lo que sea.
Desde hace unos días un runrún se ha colado en despachos importantes del microcentro. Alude a la posibilidad de que el BCRA vuelva a darle un zarpazo a las posiciones en divisas de las entidades financieras, parecido a los US$ 4.000 millones que les sacó tras la devaluación y sirvieron para calmar el mercado.
La versión también puede ser interpretada como un juego de pinzas, del tipo o traen dólares o les paso la guadaña sobre los que tienen. Fanático de River, si hay algo que Fábrega conoce de sobra son las gambetas de los banqueros, y a los banqueros mismos.
Abril-junio era considerado el trimestre de oro o el trimestre verde, porque el Central cosecharía en grande de las cerealeras y engrosaría en grande, también, el stock de reservas. El problema es que las cuentas no vienen cerrando como se esperaba.
Entre fines de mayo y el 6 de junio pasado, entraron US$ 6.880 millones del complejo sojero pero a Fábrega le quedaron, netos, US$ 1.642 millones, o sea, apenas el 24% del total. Con el agregado de que cualquier suba del tipo de cambio oficial puede inducir a retener exportaciones: la semana pasada se liquidaron divisas por 529 millones de dólares, contra los cerca de 1.000 millones de algunas semanas previas.
El punto clave es que mucho de lo que ingresa sale. Y si no escapa por algunas maniobras con el comercio exterior y los pagos de la deuda, seguro que se lo lleva la aspiradora de las importaciones energéticas, que encima estará funcionando a pleno en el invierno.
La pregunta obvia, ante un cuadro comprometido, es si no será inevitable que el Gobierno mande definitivamente al cuarto el pregón del desendeudamiento. Desde el Ciadi y Repsol hasta el Club de París, luce evidente que está preparando el terreno para ir al mercado de crédito internacional.
Dice un ex funcionario que viene mirando cada episodio de la película: “Si la Corte de Estados Unidos mete en el medio a la Procuración y bicicletea el caso de los holdouts, muy probablemente caiga el riesgo país y haya una oportunidad para tomar financiamiento afuera. No al 10 y pico o al 11% anual, como ahora, sino quizás al 8,5%. Pero guita, lo que se dice guita, están necesitando ”.
Siempre habrá un relato a mano, como alegar que el país sale a endeudarse para financiar inversiones en infraestructura, porque la tasa de interés que le cobran bajó a un dígito y porque ese era el objetivo. Así será, aunque otros países de la región paguen 3 o 4%.
Lo cierto es que los dólares mandan, ingresen por las puertas del Estado nacional, la de YPF, las de las provincias necesitadas del crédito externo o la del banco que sea. Poco importa de donde vengan mientras sirvan para engrosar las reservas del Central.
Nadie ignora que en este frente se juegan eventuales movidas cambiarias. Y mucho menos Juan Carlos Fábrega, que todos los días mide cuántos dólares tiene disponibles y decide adónde aprieta, porque otros se le irán inevitablemente.
Hoy la caja canta unos 28.600 millones, con el jefe del BCRA empujando para que no retroceda a los 25.000 millones que proyectan algunos especialistas.
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