Era "Farfán", un ex miembro del ERP quehabía estado varios años preso en los 70, y después llegó a un alto cargo políticocombatiendo en Nicaragua.
Ya el combate se había generalizado.
Farfán (Roberto Sánchez) escucha el fuego, lo ve, y le tira por la espalda con un fusil.
El tiro a mi hermano le entra por el omóplato y le sale por abajo del hombro.
Ese tiro no lo mata, pero lo deja fuera de combate.
Fue el único tiro que pudo tirarle a mi hermano, porque inmediatamente lo matan los soldados de la compañía de servicio que estaban en un balcón.
Horacio queda como en shock unos minutos, se recupera, y arrastrándose logra llegar nuevamente a la puerta de entrada a su oficina.
Se detiene en marco de la puerta, y en ese momento, desde la guardia le tiran durante varios minutos sin parar.
Horacio no obstante logra meterse en la oficina, y cuando ya estaba un metro adentro, recibe un tiro en la unión de las clavículas, arriba del esternón, que le atraviesa la tráquea, le rompe la médula espinal y le sale a la altura del hombro izquierdo.
Y cae muerto.
Mirá, hace mucho que no cuento en público esta historia, y ahora que la cuento recuerdo que muchas veces hablamos de la muerte con mi hermano.
De hecho, los dos estábamos preparados para eso.
Y tengo la tranquilidad de saber que Horacio murió como hubiese soñado.
Había ido a misa la noche anterior y había comulgado.
Y murió defendiendo a su Patria, de los enemigos de siempre.
Una hora después de empezado el combate, le dijo a su jefe por teléfono:
"Yo voy a morir defendiendo el cuartel, ustedes recupérenlo".
Y así fue.

Ya el combate se había generalizado.
Farfán (Roberto Sánchez) escucha el fuego, lo ve, y le tira por la espalda con un fusil.
El tiro a mi hermano le entra por el omóplato y le sale por abajo del hombro.
Ese tiro no lo mata, pero lo deja fuera de combate.
Fue el único tiro que pudo tirarle a mi hermano, porque inmediatamente lo matan los soldados de la compañía de servicio que estaban en un balcón.
Horacio queda como en shock unos minutos, se recupera, y arrastrándose logra llegar nuevamente a la puerta de entrada a su oficina.
Se detiene en marco de la puerta, y en ese momento, desde la guardia le tiran durante varios minutos sin parar.
Horacio no obstante logra meterse en la oficina, y cuando ya estaba un metro adentro, recibe un tiro en la unión de las clavículas, arriba del esternón, que le atraviesa la tráquea, le rompe la médula espinal y le sale a la altura del hombro izquierdo.
Y cae muerto.
Mirá, hace mucho que no cuento en público esta historia, y ahora que la cuento recuerdo que muchas veces hablamos de la muerte con mi hermano.
De hecho, los dos estábamos preparados para eso.
Y tengo la tranquilidad de saber que Horacio murió como hubiese soñado.
Había ido a misa la noche anterior y había comulgado.
Y murió defendiendo a su Patria, de los enemigos de siempre.
Una hora después de empezado el combate, le dijo a su jefe por teléfono:
"Yo voy a morir defendiendo el cuartel, ustedes recupérenlo".
Y así fue.

Horacio Fernández Cutiellos con su familia
¿Cómo era la familia de tu hermano?
Estaba casado y tenía cuatro hijos, la más chica tenía dos, y el más grande 10.
Y fue muy difícil para todos.
Primero por la muerte tan violenta, luego por la total falta de contención del Ejército, y del gobierno.
Con el cadáver de mi hermano tibio, el ejército le prestó a su familia un casa en una unidad militar de Córdoba.
Un año después, los echaron como perros.
¿Quedaron con miedo?
Yo no diría miedo, diría que todos los de la familia quedamos desengañados.
No sólo los gobiernos, también el ejército se empeñó en olvidar a las víctimas.
El ejército hasta había borrado de su sitio de Internet los nombres de sus muertos en La Tablada, y ante la queja de los familiares, los volvieron a poner, pero sin decir que fueron víctimas del terrorismo.
Eso… en realidad los familiares nos sentimos discriminados.
Uno dice en este país que su padre o su hijo o su esposo o su hermano murió combatiendo el terrorismo, y lo miran como un bicho raro.
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