lunes, 28 de febrero de 2011

""""""S O R P R E S A""""""

Estimados Bravos:
            Me acaban de romper mal el traste y quiero ponerlos sobre aviso para que estén atentos y alerten de inmediato a sus abogados, ya que el mío, con vasta experiencia en el tema, fue sorprendido totalmente.
            Como la mayoría de ustedes, he iniciado juicios contra el estado cada vez que se le otorgó un aumento salarial al personal en actividad. El año pasado fui gratamente advertido por el personal del Estudio Anselmi, que me patrocina, en el sentido de que había ganado el primero de los juicios, iniciado en octubre de 2005, referido a la aplicación del decreto 1104/05, por el que se le había otorgado un incremento salarial del 23% al personal en actividad de las Fuerzas Armadas.
            Aparentemente yo era uno de los pocos afortunados, puesto que el Ministerio de Defensa no apeló en término el fallo de primara instancia y en consecuencia, el mismo quedó firme en el tiempo récord de apenas 5 años desde la fecha de iniciación del juicio.
            Según se me dijo, a partir del primero de enero de este año, se me incrementaría el salario (concepto 1 – sueldo) en un 23%, y percibiría además una importante suma retroactiva en efectivo, en concepto de la diferencia salarial adeudada durante todos esos años. Realmente me sentí afortunado en extremo. Al fin un tiro para el lado de la justicia, y tan rápido.         
            Sinceramente no pensé que cobraría mucho más, porque el 23% de nada, siempre sigue siendo nada, según me lo hiciera saber, hace ya muchos años, el sabio profesor Ingeniero Scarfiello, que supiera deleitarnos con las Matemáticas en el Curso Preparatorio del Colegio Militar. Aún así, pensé, todo suma, y el retroactivo en efectivo me serviría para cambiar el auto, hacerme un viajecito y afrontar algunos otros gastos inminentes, como el casamiento de un hijo y próxima paternidad de otro. En fin, todas circunstancias favorables y dichosas del ámbito familiar.
            Sin embargo, ya en la Escuela de Guerra me habían enseñado que siempre hay que analizar la capacidad más peligrosa del enemigo. Yo no lo hice y el estudio de abogados que me patrocina se durmió, disfrutando de antemano del 5% con el que se quedaría.
El resultado es que cuando me llegó la liquidación del sueldo de enero, me encontré con que cobré $2.300 menos que en el mes anterior. Esto quiere decir, para que lo entiendan bien, que en vez de cobrar $5.600 como lo venía haciendo hasta ahora, me encontré con un depósito de $3.300, es decir, algo menos de lo que percibe un soldado voluntario recién incorporado.
            Convencido de que se trataba de un error involuntario en la liquidación por parte del IAF, me comuniqué telefónicamente con el instituto, donde una pendeja muy maleducada, a la que todos nosotros le pagamos el sueldo, me dijo más o menos algo así como que me queje ante mi abogado.
            Lo que sucedió es que ante el fallo firme favorable de la Seguridad Social , el IAF, o algún hijo de puta más arriba, interpretó que, habida cuenta que yo me encuentro en litigio con el estado, me corresponde recibir el 23% que me otorgó la justicia, pero no así las sumas no remunerativas y no bonificables que tan gentilmente me habían sido otorgadas por la infinita generosidad de nuestra presidente.
            O sea, me aumentaron un 23% el concepto sueldo del año 2005, y me sacaron todos las demás dádivas que veníamos cobrando como “jubilados”. (7,34% del Dto 2048/09; 11,69% del Dto 753/09; 11% del Dto 1994/06; 12,5% del Dto 1163/07; y 15% Dto 1653/08). Y no sé qué pasará con las dádivas futuras, que posiblemente tampoco me incluyan. No se imaginan cómo me duele el culo. Sobre todo por la sensación de impotencia que esta situación genera.
            Por supuesto que no todo es negativo. Ahora al fin cobro todo el sueldo en blanco. Tendré un mejor aguinaldo y mi contribución al IOSE se incrementó en consecuencia (seguramente significará una mejor atención), lo mismo que mis aportes al IAF, que servirán para pagarle el sueldo a la pendeja de mierda que el viernes me atendió por teléfono.
            Mi abogado está de vacaciones y los miembros de su staff, que gentilmente atendieron mi reclamo, además de encontrarse totalmente sorprendidos y de no tener ni la menor idea de qué estrategia plantear, me hicieron saber que en mi misma situación se encuentran solamente unos 80 querellantes (4 carpetas), que son las únicas que tienen fallo firme.
Estaban preparando un escrito para presentar ante el juzgado, y la semana que viene se van a reunir en una especia de “brainstorming” para determinar qué pasos seguir. Por el momento no me garantizan nada, porque como el fallo sólo ordena que se me incremente el concepto sueldo en un 23%, el IAF puede hacer su propia interpretación sobre cómo aplicar la resolución judicial.
            La solución, con suerte,  puede demorar unos días (si se tratara de un error), pero me dijeron que no me haga demasiadas ilusiones de que la situación se revierta antes de seis meses (tiempo en que el juez podría fallar en un salomónico “no innovar”), y que, en el peor de los casos, todo puede dar origen un nuevo juicio que me demande otros 6/7 años. En fin, están en bolas.
Con respecto a la suma retroactiva que el estado me adeuda en concepto del mismo juicio, el estudio jurídico no sabe decirme si está incluida en el presupuesto de este año, ni tampoco si se me pagará en efectivo o en bonos. O sea, tenemos el qué, pero ni la menor idea del cuándo ni del cómo.
Al respecto también hay que tener en cuenta que el estudio que me patrocina (como la mayoría de los abogados que manejan estas causas) cobran su comisión sobre un porcentaje de la deuda retroactiva y no sobre el sueldo actualizado, por lo que me temo, muy poco les preocupa que yo cobre dos lucas y media menos por mes, porque a ellos no los afecta.
Por suerte soy joven y puedo darme el gusto de esperar. Ya me estoy deleitando pensando en el geriátrico con spa, solarium y canchas de tenis en el que voy a pasar mis últimos años cuando finalmente gane todos los juicios pendientes, incluyendo este, que ya tenía ganado por goleada.
Me siento como el tipo que se encontró la lámpara de los deseos y le pidió al genio que quería que la poronga le llegara al piso, y el genio le cortó las patas; o como el que le pidió que todas las mujeres se le abrieran de gambas y lo transformó en bidet. La sensación es muy parecida.
            Estoy escribiendo con una mezcla de bronca e impotencia y, a lo mejor, no he podido explicar bien cuál es la situación, pero mi intención no es psicoanalizarme con ustedes, sino advertirlos en tiempo y forma para que alerten a sus abogados, tomen la medidas que mejor les parezca y elaboren las estrategias pertinentes para no verse sorprendidos como lo fui yo y algunos otros camaradas con quienes comparto la misma suerte.
            Los abogados no saben qué hacer, y yo menos. No sé si el tema se resuelve hablando personalmente con Pérez Vovard, elevando un recurso administrativo ante el ¿IAF, Defensa, Bienestar ?, presentando un recurso de amparo ante el juzgado correspondiente, o iniciando un nuevo juicio contra ¿el estado, o el IAF?. Escribir una carta de lectores y sacarme las ganas?, o simplemente joderme y esperar.
Una cosa es cierta, y es que a partir de ahora, si gano los juicios subsiguientes, ya no tienen nada más que puedan sacarme. Y un fallo favorable, no deja de ser un fallo favorable, aunque me signifique perder unas 30 lucas por año. Después de todo se trataría simplemente de otra especie de ahorro forzoso.
Menos mal que todavía soy relativamente joven, y gracias a Dios, tengo trabajo, pero no quiero ponerme en los pantalones/polleras de aquellos que viven de su retiro, personas mayores, viudas y pensionadas. Pienso en mi vieja y realmente me asusto. Ni que hablar de los familiares de los camaradas presos que de movida, ya perciben la mitad.
Pongan las barbas en remojo, mantengan leve contacto de estribos, asesórense y divulguen con sus conocidos lo que me pasó para evitar que se repita con ustedes y sus allegados el futuro. También por supuesto, acepto sugerencias, y si conocen a alguien que esté pasando por la misma situación, pónganlo en contacto conmigo para trabajar en equipo.
Un abrazo para todos.

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