Ø (...) El ministro de Economía del gobierno militar
Mientras la crisis se profundizaba día a día, los equipos castrenses preparaban las carpetas del futuro gobierno. Por el Ejército conversaban Carlos Dalla Tea, Llamil Reston y Miguel Mallea Gil. Una suerte de gabinete en las sombras. Cada área, una carpeta. Más tarde, descubrirían que la crisis era más honda de lo que sugerían las carpetas, por lo tanto no les servían (36). Mientras tanto, también discutían el futuro esquema de poder. La Junta Militar por sobre el presidente, sus poderes y limitaciones.
En un país en llamas, pasaron horas interminables para discutir el ceremonial: si la Junta debía estar adelante o en la misma fila del presidente, en los futuros Tedeum o en actos protocolares.Sin embargo, la carpeta más importante no estaba redactada. ¿Qué hacer con la Economía? Esa es la diferencia más importante entre el proceso militar chileno y el argentino, al margen de las distintas características personales (importantes, por cierto) entre los generales Augusto Pinochet Ugarte y Jorge Rafael Videla. Los marinos chilenos comenzaron a trabajar -con la ayuda de economistas y empresarios- en agosto de 1972. Y tuvieron "El Ladrillo" (37) (el diseño del plan económico) seis meses antes del golpe del martes 11 de setiembre de 1973. En la Argentina no fue así.
Los militares eran prisioneros de la misma desorientación que el resto de la dirigencia. ¿Por qué no habría de serlo? Si al final, eran argentinos y dirigentes.
Los delegados militares tomaron "examen" a varios economistas. Bernardo Grinspun (si Grinspun fue consultado, también debe haberlo sido Félix de Elizalde, uno de los economistas radicales más respetados), Alvaro Alsogaray, Horacio García Belsunce, Rogelio Frigerio, Lorenzo Sigaut y José Alfredo Martínez de Hoz, entre otros. Una sola limitación se les puso a los expositores: las respuestas debían ser "pragmáticas, gradualistas" (38), el Ejército no tenía espacio para la ortodoxia, frente a la guerra que libraba contra el terrorismo.
¿Los candidatos formaban parte de la conspiración? Si nos atenemos al exitoso ejemplo chileno, podría afirmarse que no. ¿Por qué? Muy simple: eran consultas, lo que no quería decir que eran parte del equipo. En Chile sí (39). Cuando Martínez de Hoz es llamado a exponer, fue a escasas semanas del 24 de marzo de 1976. Hasta ese entonces no tenía ni idea de lo que sucedía, detalladamente, en la Argentina: estaba en un safari de 40 días en Kenya, Africa, invitado con muchos meses de antelación por Arturo Acevedo, accionista mayor de Acíndar. Los militares se ocuparon de buscarlo y encontrarlo. Una noche, a través de un "contacto" en Nairobi, le hicieron llegar un mensajero: "Vuelva urgente a Buenos Aires". La urgencia no guardaba relación con la salud de su padre.
El "contacto", en pocas horas, indicó el día y la hora de su llegada a Ezeiza. Al día siguiente fue invitado a la residencia del comandante general de la Armada, en avenida Del Libertador y Ocampo, donde los esperaban los comandantes generales. Como los jefes militares no tenían formación económica, preguntaron poco. En cada reunión, un oficial de menor jerarquía tomó "apuntes" a la ligera (40).
Las notas, además, revelan el estado de confusión que reinaba en las propias mentes de los comandantes: "Le pedimos disculpas por el llamado tan urgente. Usted es el último de una larga lista de entrevistados. Necesitamos conocer su opinión sobre la situación económica para ofrecer un asesoramiento al Poder Ejecutivo. Díganos cuál sería el plan económico que las Fuerzas Armadas pueden ofrecer a la Presidenta (41).
José Alfredo "Joe" Martínez de Hoz expuso su pensamiento cerca de 3 horas (en las "notas" no se observan preguntas). El "apuntador calificado" garabateó conceptos: inflación, su crecimiento es geométrico, "llegará a niveles nunca conocidos en la Argentina". Hay una cesación de pagos no declarada. Existen reservas de libre disponibilidad para pagar sólo un día de importaciones. A tenor de la exposición, el estado de la economía argentina era explosiva. Algo que se sentía y sabía con la simple lectura de los diarios. Vencido el tiempo, Videla solicitó que su exposición la entregara cuanto antes por escrito. En persona o a través de un amigo (el general Miatello).
De todas formas, la información no sería completa si no se dijera que las Fuerzas Armadas (especialmente la Armada y el Ejército) tenían en su poder trabajos sectoriales, solicitados a especialistas en diferentes materias. Sin constituir una usina del golpe, bien puede agregarse que los miembros del denominado grupo Perriaux (Jaime) elevaron lo que se les solicitó de manera radial. Es decir, algunos no estaban enterados de lo que hacían los otros. Después de múltiples consultas, dos fueron los señalados para mantener encuentros personalísimos. Uno fue Martínez de Hoz. El otro, más tarde, fue descartado por la Armada por presentar una irregularidad familiar. Lo que, tristemente, se conocería como SIF (situación irregular familiar). Era divorciado. Quien lo objetó era, claro, el menos indicado para hacerlo."
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